El escenario de Groove, prendido fuego. No tanto por el paso algo extenso de Carca, sino mas bien por el calor que reinaba en la Ciudad, anticipando la tormenta, y que se había apoderado del nuevo templo rockero de Plaza Italia como anticipo de lo que estaba por venir.
Todo estalló cuando, finalmente, cerca de las 22:20 y después de ajustar al máximo los detalles en manos del equipo técnico, los neoyorkinos The Rapture salieron a escena. Grande habrá sido la sorpresa para ellos, tras su primer experiencia en 2007, cuando se encontraron un espacio totalmente colmado de fans que coreaban su nombre y sus canciones, y habían acudido a la cita enérgicos con una sola consigna: bailar, bailar y bailar.
Y así fue. Los acordes de In the grace of your love, el nuevo hit de cadencia sensual y atrapante aunque no tan bailable como el trío nos tiene acostumbrados, abrieron un setlist que se prolongaría de manera casi ininterrumpida por la próxima hora y media.
Luke Jenner, Vito Roccoforte y Gabriel Andruzzi, junto a Harris Klahr, quien se desempeña en bajo en reemplazo de Matt Saffer, hicieron despegar del suelo a todos los presentes, convirtiendo a la improvisada platea en lo que realmente era: una pista de baile.
Sin escatimar ningún hit (excepto Don gon Do it, el gran ausente de la noche), los neoyorkinos pasearon al público a lo largo y a lo ancho de un tándem infernal, que alcanzó sus puntos más altos en temas nuevos como How Deep is your love, y los ya clásicos Whoo! Alright, Yeah… Uh Huh y Get Myself into it.
El histrionismo y energía que la banda desplegó sobre el escenario tuvo un responsable en particular: Andruzzi, que pasó de lucirse en el saxo a los teclados y la batería electrónica, sin olvidarse del cencerro –la verdadera estrella del show- y su bailecito que ya es marca registrada.
El cierre del show encontró a un público con ganas de más (mucho más) que se quedó coreando al unísono las estrofas de How deep is your love, gema del último LP del trío, producido y mezclado por James Murphy de LCD Soundsystem.
Pero, a pesar de la insistencia y el calor de los fans argentinos, que batían incansables las palmas incluso con las luces encendidas como inequívoca señal del fin, la banda decidió poner punto final a la noche, y dejar la puerta abierta quizás a una próxima nueva (y calurosa) visita.
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